Hernia discal

¿Qué es una hernia discal?

La hernia discal se produce por la rotura de una parte del disco intervertebral y su posterior desplazamiento hacia la raíz nerviosa. Este contacto con el nervio produce daños neurológicos a modo de irradiación a lo largo del recorrido del nervio, ocasionando dolor en todo el trayecto del mismo.

El dolor que provoca una hernia discal puede ser de distinto tipo, generalmente se extiende por todo el recorrido del nervio afectado, hacia las piernas (hernia discal lumbar) o los brazos (hernia discal cervical).

Es frecuente sentir hormigueos, adormecimiento o insensibilidad en las extremidades. El grado y tipo de molestia dependerá de la ubicación del disco afectado y su deterioro.

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Cómo la tratamos

Es importante realizar una valoración personal a fin de ofrecer un tratamiento personalizado y eficaz. La experiencia clínica en el tratamiento de esta patología es la clave para frenar este proceso y que el paciente vuelva a su vida normal.

Recientes estudios avalados por expertos neurocirujanos aseguran que solamente entre un 5 y 10% de las hernias discales deben de ser tratadas quirúrgicamente, el resto de hernias discales pueden ser tratadas por otros tratamientos no invasivos.

En este caso, la osteopatía ofrece muy buenos resultados para aliviar los síntomas de la hernia discal, mostrándose como uno de los tratamientos más eficaces.

¿Quieres saber más?

La causa más común es por el desgaste gradual del disco debido al paso de los años. A medida que envejecemos el disco pierde hidratación. La degeneración del disco produce fisuras en su interior y la deshidratación hace que pierda grosor disminuyendo la altura, como consecuencia la vértebra pierde su movilidad.

La presión axial que recibe el disco, junto a la perdida de altura del mismo debido a su deshidratación, produce una rotura de los anillos del disco desplazándose y contactando con la raíz nerviosa. Así se producen la mayoría de las hernias discales.

El sobreesfuerzo es otra causa importante, ya que al realizar esfuerzos mal dosificados de forma repetitiva se genera una presión en la cara posterior del disco que deformará los anillos del disco y finalmente terminan rompiendo.

Otra causa es por mantener posturas inadecuadas de forma repetitiva, así el disco se irá deformando pudiendo tomar contacto con el nervio.

El deterioro del disco se produce en la parte posterior y lateral del mismo. La cara posterior es la zona más frágil a su vez que es la que recibe las presiones y deformaciones del mismo, quedando más expuesto a lesiones como protrusiones o hernias discales. Por otro lado, la cara anterior del disco es más gruesa, quedando así mejor protegido.

El dolor de la hernia discal suele ser repentino e intenso y dicho dolor tiene unos síntomas neurológicos definidos: Dolor del nervio ciático hasta el pié, debilidad muscular de la pierna afectada, hormigueo, acorchamiento. Si el dolor permanece durante mucho tiempo también se puede producir una pérdida de fuerza en la pierna afectada.

La ciática es el dolor más característico ya que dicho nervio es el principal afectado debido a la compresión que le ocasiona. Este dolor desciende a través de todo el recorrido del nervio desde la zona glútea, detrás de la pierna, cara posterior de la rodilla y la cara posterior y externa del gemelo y pie.

El dolor variará dependiendo de la raíz nerviosa que se vea afectada y la zona lumbar también se encuentra afectada debido a la sensibilidad propia del disco dañado.

Es frecuente acusar el dolor en la zona lumbar al toser o estornudar, esto se debe a que estos pequeños pero bruscos esfuerzos producen una presión posterior del disco que afecta al nervio raquídeo.

Incorporarse tras permanecer sentado o viceversa, requiere unos segundos de adaptación hasta que finalmente logramos la postura. La raíz nerviosa se encuentra muy sensible y los movimientos que recibe deben de ser muy lentos.

Permanecer de pie quieto produce una presión axial en el disco intervertebral y esto genera un desplazamiento del fragmento roto del disco, siendo éste empujado contra el nervio raquídeo. Sin embargo cuando caminamos la presión se reparte y el disco no sufre.

En ocasiones suele confundirse dolor lumbar, ciática y dolor de hernia discal.

Tener una hernia discal no condiciona a padecer dolor ni a tener síntomas. No todas las personas que tienen una hernia discal tienen dolor de espalda, hay muchas personas que a pesar de tener una hernia discal no desarrollarán los síntomas.

Con el paso de los años todas las personas tenemos alteraciones discales, pero no quiere decir que suponga tener problemas lumbares. Si hiciéramos una resonancia magnética a un colectivo de personas a partir de los cincuenta años de edad y sin dolor lumbar, probablemente la mitad presentarían alguna hernia discal sin tener síntomas.

Las causas son variadas y la forma de cómo aparezca la hernia condicionará el tipo de dolor y la recuperación que tendrá la persona. Si la degradación del disco intervertebral se ha producido de forma gradual a lo largo del tiempo, el cuerpo se habrá adaptado progresivamente a este cambio. En ocasiones apreciamos imagen por resonancia donde es posible un claro desplazamiento del disco y sin embargo la raíz nerviosa se aparta del trayecto del disco evitando hacer contacto, de este modo no tendrá dolor.

Si por el contrario la hernia discal surge como resultado de algún sobre esfuerzo, el disco se rompe y se desplaza contra el nervio sin que este pueda evitarlo. El dolor surge inmediatamente y es de carácter agudo. Este tipo de lesión genera mucho dolor y tiene lenta recuperación.

En casos de hernia discal de grado moderado, el desplazamiento del fragmento roto del disco no alcanza a tocar el nervio y tampoco tendrá dolor.

La deshidratación del disco intervertebral hace que el disco se vuelva rígido y pierda movilidad y altura.

En algunos casos la columna vertebral establece unas compensaciones para evitar que el disco dañado roce el nervio raquídeo. Si la hernia no comprime la médula espinal o algún nervio raquídeo, es muy probable que la persona no tenga ningún síntoma. A esto se conoce como hernia discal asintomática, pudiendo explicar su definición de la siguiente manera:

  • Hernia discal asintomática: Persona que tiene una hernia discal y no tiene síntomas.

Existen diversas causas que provocan una hernia discal:

  • Columna vertebral mal alineada.
  • Esfuerzos mal realizados con la espalda.
  • Deterioro del disco por envejecimiento y/o deshidratación del disco.
  • Traumatismos importantes y microtraumatismos repetitivos en la columna lumbar o cervical.
  • Movimientos repetitivos en flexión-extensión de tronco soportando peso.
  • Sobrepeso corporal.

Por qué duele

Teniendo en cuenta el tipo de movimientos en flexión que realizamos y el peso que sobre cargamos la zona lumbar es normal que los daños se produzcan sobre la zona lumbar.

y teniendo en cuenta que el tipo de movimientos que realizamos, los daños se producen en la parte posterior del disco.